Mes: marzo 2016

“Los Nombres del Padre” Poemas de Marìa Magdalena ..Colección Pippa Passes ▪ Editorial Buenos Aires Poetry

PRESENTACION flyerMaría Magdalena

 

El jueves 7 de abril, a las 19 hs, se presentará el libro «Los nombres del padre» de María Magdalena, publicado por Buenos Aires Poetry en su Colección Pippa Passes y prologado por el poeta Javier Galarza. Con entrada libre y gratuita, la cita es en el Museo del Libro y de la Lengua, Av. Las Heras 2555, CABA.

 

Los comentarios estarán a cargo de Javier Galarza (poeta), Leonardo Leibson (psicoanalista) y Juan Arabia (director de la editorial).

Como lo expresa Galarza en el prólogo: «Los nombres del padre» es un texto desgarrado, pero a la vez festivo y musical. De estructura tripartita, se puede decir, no obstante, que constituye un continuo. Es decir, estamos ante un único poema, como una pieza musical sujeta a variaciones.

 

Más información: www.facebook.com/events/1679884168940443/

http://buenosairespoetry.com/2016/02/10/los-nombres-del-padre-de-maria-magdalena/

Fragmento del prólogo de Javier Galarza

¿Qué cuerpos veló la poeta? ¿En cuántas vigilias? ¿Qué testimonios debió dar y a qué precio hasta alumbrar su palabra?

Me voy desvestida, nunca desnuda escribe María, porque cualquier verdad o ficción debe conservar un velo, eso que la poesía descorre o desoculta para darle a la palabra un nuevo poder. Es la autora misma quien nos proporciona, a través de uno de sus versos, la clave de lectura para Los nombres del padre: un recorrido tembloroso pero exacto.

POEMA «Los nombres del padre»

Hay una palabra al borde

de ser pronunciada, un hombre

que se sabe incompleto y calla,

una angustia que estremece

como una caricia,

un éxtasis que no da miedo,

esta entrega, religiosa.

 

Hay fuegos artificiales,

la algarabía del tango,

una alegría obscena,

y una mujer ausente.

Soy yo, en silencio y hablando

con una palabra

muda.

Sobre la autora

María Magdalena nació en Buenos Aires en 1984. Es escritora y poeta. Estudia Psicología. Su primer libro «Spleen» fue editado en diciembre de 2013 por Editorial Letra Viva. En 2015 publicó la plaquette «La pequeña muerte». Fue seleccionada para integrar la antología de poesía 2015 de APOA La Juntada (Asociación de Poetas Argentinos). Junto a Flor Codagnone forma el proyecto poético «Trémulas», que pone a dialogar a mujeres poetas alrededor de la escritura y la feminidad. Realiza trabajos de edición y corrección para la editorial Letra Viva.

www.facebook.com/spleenMM  ▪ @mm_thebride ▪ http://laspalabrasimposiblesdevivir.blogspot.com.ar/

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Aventuras en la costa del Paraná

La revista Terminus, de factura local, llegó a su edición número 10. Fue pensada en Rosario pero reúne talentos de todo el país y con el alcance que se logró, los editores van por más: evalúan un lanzamiento digital.

Publicado el 27 marzo 2016

Foto 1

Por Agustín Aranda

Lo que apasiona no siempre da de comer. Aun los artistas, supuestos tocados por una varita mágica para enseñar nuevas formas de ver el mundo, están en la misma. Pero hace tres años, en Rosario un grupo de historietistas jóvenes lanzó una revista para desafiar esa realidad. Muchos todavía viven en la ciudad. Pagan sus cuentas con dinero de trabajos que hacen para editoriales de afuera. Son mercados internacionales y pocas veces las copias tocan los anaqueles de las comiquerías de la Argentina, y menos de Santa Fe. Pero entre medio de los trabajos para afuera, estos dibujantes y guionistas armaron Terminus, publicación bien de acá que llegó en diciembre a la décima edición.

Aun con internet, obras de dibujantes locales están lejos de las manos y los ojos de los rosarinos. Por momentos se sienten fantasmas, a pesar de jugar de locales cada vez que la multitudinaria convención internacional de historietas Crack Bang Boom toma el Centro de Expresiones Contemporáneas y la franja céntrica del río.

Acaso por eso, a poco de arrancar, el emprendimiento fue sumando colaboraciones de distintos puntos de Argentina y el exterior. Con buenas ventas, algunas tanto que llevaron a reimprimir números, los creadores de Terminus dialogaron con El Ciudadano y opinaron sobre la actualidad de la historieta local y nacional.

El próximo paso

Hasta la reaparición de la revista Fierro (1984-1992) en 2006, no había publicaciones “grandes” en las que los historietistas nuevos pudiesen mostrar trabajos. Había talento, pero no había dónde probarlo. La crítica, el rechazo o el halago son importantes para el crecimiento artístico. Y más para un colectivo, una generación de realizadores o una industria golpeada. Los historietistas históricos seguían con trabajo. Sobre todo para afuera, o directamente afuera. Los mundos de los imaginadores autodidactas o en las academias plásticas estaban inconexos. De afuera parecía que cada grupito pasaba su fanzine –publicación independiente muchas veces a partir de fotocopias–, por la ciudad, la provincia o la blogósfera. Los héroes, grandes autores como Horacio Altuna o Eduardo Risso, no se discutían, pero el público poco sabía de los emergentes. Con “la Fierro” de nuevo en marcha, se volvió a un estándar, un lugar donde apuntar y donde mirar lo nuevo.

Años de autogestión habían enseñado a muchos realizadores cómo encontrar trabajos en el exterior con editoriales y revistas. Los más talentosos o aprendices de grandes maestros se plegaron a tareas de editoriales grandes locales o de afuera como las estadounidenses DC y Marvel. A la par, el fanzine siguió y enseñó a muchos, internet de por medio, a mover su producción. En ese contexto nació Terminus, hija de la idea de Fierro: servir como parámetro de calidad donde medirse, y ser una pasarela para los mejores, casi un barómetro de la historieta nacional post cultura del fanzine. Todavía en pañales pero ya autofinanciada, Terminus comparte ese camino.

En diálogo con El Ciudadano, uno de sus editores, Bruno Chiroleu, no teme decir que la vara está alta para analizar lo que les llega a diario como nuevas propuestas. Gastón Flores lo acompaña en edición. El grupo lo completan los guionistas y dibujantes Maximiliano Bartomucci, Germán Curti, Damián Couceiro, Juan Manuel Frigeri, Ariel Grichener y Germán Peralta. “Veíamos publicaciones independientes, más chicas, de valor pero con calidades desiguales. Eso atenta contra la vida de una revista. El lector quiere calidad”, sentencia Chiroleu. Para quienes se animen la puerta está abierta, agregan desde Terminus. “Si somos siempre los mismos, se muere. Veo mucha gente laburando, haciendo cosas geniales. Nunca digo que no a lo que llega, pero la vara está alta. Llegan trabajos muy largos”, agrega Chiroleu. La publicación tiene 64 páginas, y dispone de siete carillas (3 ó 4 paginas) para cada historia. La síntesis se impone. Algunos relatos son capítulos de series que continúan número a número. Por ejemplo, el número 10 de Terminus, que puede comprarse en 90 puntos de venta del país, da vida a Mala época, relato con ilustraciones de Damián Couceiro y guión del mexicano-uruguayo Rodolfo Santullo, ganador del premio Carlos Trillo que otorga la CBB 2015.

El cara a cara

En 2010 la primera convención de historietas de la ciudad Crack Bang Boom (CBB) marcó un antes y un después en la vida de la industria y el circuito de convenciones de Argentina. No se trataba sólo de reunir a consumidores para comprar y hacerse autografiar copias de colección por figuras como Jim Lee o Brian Azzarello. Desde el principio buscó dar lugar de encuentro entre las nuevas publicaciones locales, stand de por medio, con el público.

La convención, que se prepara para su sexta edición consecutiva, es usina de talento emergente y capitales extranjeros. Editores de compañías internacionales llegan una vez por año para revisar carpetas de cuanto hijo de vecino se anima a pasar por el filtro. En 2012 la CBB sumó otro modo de sondear y poner a prueba los dibujantes de la región. Meses antes de la maratónica reunión de comiqueros y aficionados a las factorías de ciencia ficción, los organizadores arman un concurso de historietas. Elegidas por referentes locales, las ganadoras fortifican las páginas de la agenda de actividades de la convención.

No menos importante, la CBB revitalizó el calendario federal de encuentros de historieta, un tanto difuso durante la década pasada. Entre 2010 y 2016 se formaron nuevas convenciones en Buenos Aires, Córdoba, San Luis, entre otras provincias. El circuito alimenta las ventas de revistas independientes como Terminus, que valoran el cara a cara con el lector. De hecho, las cabezas de Terminus preparan visitas a más localidades del país, Viedma y ciudad de Salta, entre otras, para llevar la propuesta. “Las convenciones son el medio favorito para hacer llegar la revista. No sólo por estar en contacto con colegas sino para mostrarla al lector”, apunta el editor Bruno Chiroleu.

El futuro llegó

Como buen producto cultural, la historieta entró en crisis con la era del internet. Los realizadores ganaron al multiplicar contactos y descubrir otros mundos, pero perdieron control total de la obra. Y las oportunidades de trabajo no eran argentinas. Para los nuevos talentos el escenario cambió. No existía un edificio de la editorial Columba, responsable de gran parte de lo publicado por décadas en el país y cerrada en 2001. Ni la editorial Récord, de donde salieron las páginas de la obra cumbre nacional, El Eternauta.

La puerta por donde deslizar un curriculum o carpeta no era fácil de hallar. Al menos no con la misma forma. En la actualidad, los realizadores se contactan por medios electrónicos con editoriales pequeñas o grandes. Algunos consiguen trabajar para editoriales de afuera y en ratos libres atienden a proyectos independientes como Terminus. Otros promocionan dibujos o historietas en blogs, redes sociales y demás sitios para luego bajarlos en tomos de papel si consiguen contrato. Esas obras, que llevan el nombre de webcomic, tienen rodaje entre pantallas de usuarios y “me gusta” de Facebook. Al ser conocidas ayudan a la estrategia de venta: cantidad de ejemplares y puntos de venta.

Algunas editoriales y revistas del país apuestan a formatos multiplataforma: en la web y en el papel. Terminus evalúa hacerlo para llegar al resto del continente americano y España. La modalidad es conocida en otros puntos del planeta. Aún más novedosa es la propuesta de una plataforma exclusivamente web. El dibujante Damián Couceiro trabaja por estas horas en un proyecto que irá derecho a teléfonos celulares o tablet. Sería una especie de Netflix, servicio prepago de series y películas –similar a un videoclub en línea–, pero de historietas. “Si el formato web ayuda a acercar al lector a la historieta, vale”, dice Couceiro, que reparte el tiempo entre miniseries de franquicias como Las Tortugas Ninjas y trabajos de autor, esto es, menos atadas a presiones de los dueños de las marcas. La última fue Cluster, una historia para los estudios BOOM!

Couceiro, como otros artistas locales, llega a fin de mes con varios trabajos internacionales. De espíritu autogestivo e hijo de una época donde la industria se reconfiguraba, trabaja desde el hogar. Sin presiones horarias y miradas celosas de editores a kilómetros, piensa el futuro de Mala Época, la historia que dibuja para el número 10 de Terminus. No traerá grandes dividendos pero podrá mostrarle a sus amigos que no era mentira: es un dibujante publicado. No en mercados distantes. Acá nomás.

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(c) DIARIO EL CIUDADANO WEB ROSARIO-27-3-2016

Los cien días que impulsaron el 24

CLAVES DE UNA MOVILIZACION MULTITUDINARIA MARCADA POR LOS SIGNOS DE EPOCA

Quizás la más numerosa de una larga serie de marchas masivas, la concentración que el jueves dejó chica la Plaza de Mayo resaltó la íntima relación entre la memoria de las violaciones a los derechos humanos en la dictadura con la defensa de los derechos conquistados en los últimos años. Los despidos y la caída del poder adquisitivo como símbolo de un posible nuevo ciclo de exclusión se reflejó en el lugar que ocuparon los gremios y sus dirigentes. El papel de los medios dominantes y las consecuencias políticas de los actos de masas.

 Por Mario Wainfeldna01fo01

Cada 24 de marzo se reinventa una tradición, se reitera, se renueva. Cada vez es única y una más… son las primeras líneas de su mensaje. Las siguientes se inscriben en la coyuntura: emiten señales sobre los tiempos que corren, vuelan, alegran o lastiman. El jueves, muchedumbres se volcaron a las calles y los espacios públicos de toda la Argentina cuyo centro fue la Plaza de Mayo a la que acudieron dos movilizaciones. La central que es aquella que encabeza hoy y siempre “la columna de las Madres y las Abuelas” bajo la interminable bandera con imágenes de compañeras y compañeros detenidos-desaparecidos. “Las viejas” porfían en moverse, en estar al frente.

Los manifestantes de las dos CGT y la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) fueron la nota del día, participaron justo detrás de la imbatible columna-madre. “Los organismos” bregaron para que se plasmara tanta visibilidad que es protagonismo, nada convencional.

Los ataques del gobierno de Mauricio Macri a trabajadores, los despidos realizados sin cumplir recaudos legales, con el condimento del desprecio y el mal trato, van en pos de perforar un umbral irrenunciable. La representación gremial coloca en el escenario a “los derechos humanos de hoy”, los que “todos” definen como esenciales.

El mensaje se suma a los de otras tardes: cuando se comenzó a definir a la dictadura como “cívico-militar”, un avance conceptual en su elaboración. O cuando se identificaron con nombres y apellidos de empresarios o patronales a los instigadores del golpe de Estado, cómplices o partícipes necesarios de sus acciones criminales.

La asistencia congrega cuatro generaciones, que van nutriéndose según corren los años. Imposible hacer la estadística cabal pero se puede apostar que una primera minoría de la multitud podía encasillarse en los sub 30.


El subte va abigarrado, a primera hora de la tarde. Hay silencio en el vagón y en los aledaños. Tanta gente, a esa hora, en el feriado largo… La calma no engaña, van a la Plaza. Una muestra de la “gente suelta”, la que se arrima por la libre, con sus afectos o dispuesta a encontrarse con ellos en un ratito.

El cronista fantasea con lanzar una consigna clásica, como “Madres de la Plaza…” o una nueva “Vamos a volver…” para desatar el fenómeno que narrará en la crónica. Está de moda el género del documentalista participativo, que azuza el eje de la narración. Pero uno no curte ese formato, no es un Michael Moore del Sur.

La presunción es certera, magro mérito: era sencillo. Nadie baja en las paradas intermedias, todos derivan en la estación Catedral, en las puertas mismas de la Plaza. El silencio o los susurros derivan en pasos veloces. Hay que estar.

Clase media, “gente suelta” es la muestra del vagón. Su total se cuenta por millares, se disemina en las calles adyacentes o se suma a las columnas.

Agrupaciones políticas, sociales, colmadas o pequeñas son el flanco organizado del conjunto. Las veredas aplauden a la calle. Es un rito clásico.

“¿Somos más que el año pasado?” se autoindaga o se afirma. El detalle queda para quien haya tenido visión panorámica.


Estela de Carlotto está bella y luminosa, a su edad. Cuida la pilcha y el maquillaje sin resignar la bravura. Todo en su trayectoria honró la vida. Es, opina uno, la más alta autoridad moral de este país: hay unas cuantas, tampoco taaantas. La labor de las Abuelas continúa, se adecua, apela a la creatividad, cada espacio ganado es preludio de una nueva movida.


Volvamos al subte. En las columnas de los pasamanos penden pequeños carteles, confeccionados a mano, bien hechitos. En letras rojas y azules consta: “Vos podés ser uno de los nietos que estamos buscando. Si naciste entre 1975 y 1980 y tenés dudas sobre tu origen consultá en Abuelas”. Una silueta recortada en el papel llama a mirar y a asociar.


Ciento diecinueve nietos recuperados es un logro social asombroso e incompleto. Cada recuperación de identidad refuerza un camino de conquistas.

En la etapa kirchnerista se dinamizó el milagro de la voluntad, en parte por la evolución de la sociedad, en parte por aportes mediáticos como el teleteatro Montecristo y en buena dosis por apoyos estatales variados.

El argumento macrista “es un tema de la Justicia” subestima la ramificación de la búsqueda de verdad y justicia. El Ejecutivo le hurta el cuerpo a un activismo fundamental. El compromiso se mide en organismos, en personal público que trabaja en temáticas anexas, en dotación de recursos económicos. ¿Cuánto vale en la balanza del ministro Alfonso Prat-Gay una identidad recuperada? ¿Cómo se sopesa en su concepción del “gasto social”? Para sostener políticas públicas se marcha también, cómo que no.


Pluri generacional y poli clasista la asistencia. Pluralista políticamente: “la izquierda” se movilizó un rato más tarde junto a la Central de Trabajadores Autónoma.

Una pancarta identifica al Frente de Estudiantes del Conurbano. Algo menos que cien, si se cuentan un par que se sienta en la vereda a descansar o bardear o van a un quiosco por vituallas o bebidas. Un piberío frondoso. Morochitos y morochitas, sonrisas que surcan rostros felices. “La consigna es la unidad” corean y bailan.

Columnas de La Cámpora, de agrupaciones sociales kirchneristas, de algunos de los partidos de izquierda también expresan al sector más humilde de la clase trabajadora.


Para este diario jamás fue serio el eje argumental: “Van por el chori, los cargan en los bondis”. Ni sus sofisticaciones del siglo XXI: “Les garpan con la Blackberry”. Las reseñas de años previos refutaron esa falacia desdeñosa que define mejor a quien la vierte que al descripto.

El pueblo, en cualquiera de sus vertientes, no es manada que sube al transporte contra su voluntad o sin ella.

La euforia no se imposta. Imposible que haya decenas de miles de actrices o actores tan amateurs como creíbles representando alegría, fervor, ganas de darle a los parches y redoblantes, iluminar las caras con la incomparable alegría de congregarse por una causa.

La Vulgata arrogante se derrumba cuando el kirchnerismo fue desplazado al llano, voto popular mediante. Cuadras y cuadras de cuerpos apretados, jóvenes en proporción abrumadora.

La Cámpora embandera las más masivas, cuadras y cuadras. Haga la cuenta, 100 metros cada cuadra de las avenidas, 800 metros cuadrados o 1000, multiplique por la densidad que elija. ¿Veinte mil, treinta mil? Al fin de cuentas da lo mismo, el apoyo se sostiene y expresa. La consigna acuñada en los años más propicios “te juro que en los malos momentos/los pibes vamos a estar” se corrobora sobre el pavimento. ¿Lo habrán sospechado, intuido? En cualquier caso, la promesa se está honrando.


Se (re)clama en la calle y en el palco por la libertad de Milagro Sala, presa política sin proceso ni condena. La demanda es situada, presente rabioso.

El presente bulle, se renuevan denuncias de violencias institucionales que inculpan a gobiernos anteriores. Sus nombres e imágenes suman a la nómina de los reclamos por justicia.

El gatillo fácil se ensaña con jóvenes de los conurbanos como los secundarios que marchan, como aquellos que estudian en universidades que empiezan a ser jaqueadas por el discurso oficial. La asfixia presupuestaria es una espada de Damocles en manos de egresados de universidades pagas que corporizan un clase social, que es la que gobierna hoy como bien describe el ensayista y académico Ernesto Semán.

Radios comunitarias propagaron los sucesos en toda la geografía nacional. El arrasamiento de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual va por ellas. Son voces alternativas, que se debió tutelar mejor en el ciclo kirchnerista y que ahora, llanamente se quieren acallar. Las leyes del mercado confrontan con el derecho a la comunicación. Ese es el cuchillo bajo el poncho del ministro Oscar Aguad, doctorado en convergencia, cuya ignorancia no lo hace menos peligroso porque los que escriben su libreto saben lo que hacen

En una notable columna publicada en el portal de este diario el viernes la periodista Ana Cacopardo habló del nexo irrompible entre presente y pasado. “Si la memoria de las atrocidades de la dictadura pierde su lazo con el presente, no seremos capaces de comprender que el horror del terrorismo de estado, no fue un cataclismo. No fue un rayo inesperado que cayó sobre un inmaculado cielo azul. Fue un camino que la sociedad argentina recorrió de a poco.” Quedarse puede equivaler a ceder, a dar pasos atrás.

Es erróneo exorbitar las comparaciones con la dictadura, un argumento simplista, que aplana diferencias sensibles, que tal vez no convenza a muchas personas del común. Para evitar las acechanzas lo mejor es enfrentar a diario las medidas que ponen en jaque derechos recuperados o en construcción.


Al principio las Madres y Abuelas hacían la ronda. Las marchas comenzaron en democracia y su genealogía es una historia en sí misma. La concurrencia se potenció en el vigésimo aniversario del golpe, en 1996. La de 2001 estuvo enmarcada por el rechazo colectivo al ministro de Economía Domingo Cavallo que la multitud asoció con una debacle para la sociedad, intuición que se corroboraría en pocos meses.

Hay ejemplos fuera de programa, impuestos por las circunstancias. Lo fue la convocatoria contra los indultos del ex presidente Carlos Menem en diciembre de 1990, bajo un sol africano en la que cundía la desazón de suponer que una etapa se habría cerrado, por voluntad de gobiernos populares. No fue así: sobrevinieron los juicios por la Verdad, los fundados en delitos que seguían penalizados como el robo de bebés. La peregrinación de las víctimas a otros países, avivaría el seso y el compromiso de jueces de otras comarcas, con Baltasar Garzón como emblema.

Las mareas de la historia corroboran que cualquier estadio es de tránsito y que la réplica se va conformando en los trances propicios y en los adversos.


Las ausencias y los silencios son tan estridentes como los gritos o las presencias. Los medios dominantes ningunearon la jornada, dedicándole apenas más centimetraje que al atuendo de las primeras damas argentina o gringa.

La Unión de Personal Civil de la Nación (UPCN) brilla por ausencia y tienta pedir un habeas corpus por su secretario general, Andrés Rodríguez.

Entre la gente de a pie que colmó las Plazas no hubo defecciones, cambios de bando, intercambio de camisetas como en el Congreso.


Cuando los escépticos rentados o voluntarios quieren desmerecer actos de masas, comparan su número con el de quienes quedaron en sus casas o disfrutaron vacacionando en el feriado largo. Es una impostura vetusta.

La conjunción de los cuerpos es fuerza que gravita en la esfera política. No para variar velozmente las correlaciones de fuerzas en otros terrenos pero sí para demostrar presencia, organización, una sensibilidad colectiva que trasciende a los que pusieron el cuerpo. Re-unirse, re-organizarse no es poco si se asume que hay que elaborar la derrota y aprender en consecuencia. Nada se repite como calco en la historia.

Los ajenos tampoco captan que una conmemoración trágica constituye una comunión laica que entremezcla alegría y celebración. La acción colectiva siempre cataliza pasiones y repone esperanzas. Hace seis meses, por ahí, se sobrevaloraba la aprobación del gobierno y se subestimaba la virtualidad electoral de la oposición. Un resultado adverso, de consecuencias institucionales severas y prolongadas, trastrueca estados de ánimo y ennegrece el horizonte conceptual. Tal vez el optimismo exagerado recae en un pesimismo extremo. No bajar los brazos nunca, la eterna enseñanza de Madres y Abuelas es un mandato.

Centenares de miles de argentinos renovaron lazos y fuerzas y siguen marchando a construir una nueva historia, con cimientos firmes.

Las denuncias jamás alcanzan por sí solas. La multitud movilizada no traslada su imperio a las urnas, como se pudo chequear contados meses atrás. El gesto interesante de las Centrales obreras caminando juntas dista de ser el comienzo de una unidad dificultosa o de un contingente plan de lucha. Pero algo vibró en el aire el jueves, lo supieron los asistentes que volvieron fortalecidos… sería necio dejar de valorarlo y de trasladarlo a la acción cotidiana.

 

(c) Mario  Wainfeld-Pagina 12-

Lima caníbal

Feliz aniversario a los integrantes de “Laberintos urbanos”

Laberintosuburbanos

Un poema de Julio Trino Blanca Vergara y el primer aniversario de Laberintos suburbanos

La travesía de Laberintos suburbanos empezó hace un año -un 2 de marzo del 2015-, como un intento de inserción a-estética en el informe espacio de todo lo despreciado, lo banal, lo críptico y contaminado. Desde el principio quisimos plantear la idea de viaje como referente de circulación y lectura, en el que cada texto funcionase como una estación o punto de parada y de partida en un intenso, extenso y aleatorio desplazamiento cíclico, a la manera de un metro subterráneo o un mototaxi  suburbial, que obedece a una retórica incidental, insurrecta y errática; desplazándose por los márgenes, límites e intersticios de la ciudad. Una ciudad igualmente codiciada y despreciada, como una urbe formal, pero marcada o asediada por la ilegalidad de sus intersticios y márgenes.

En este punto, desde su planificado nomadismo, Laberintos suburbanos ha querido ser un espacio-plataforma de…

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“Los talleres eran un derecho adquirido”

 

Domingo, 13 de marzo de 2016

CULTURA › LOS TALLERISTAS SUSPENDIDOS EN LA BIBLIOTECA NACIONAL, EN ESTADO DE ALERTA Y MOVILIZACION

“Los talleres eran un derecho adquirido”

Mientras se espera la asunción de Alberto Manguel para julio, los talleres gratuitos que se ofrecían desde 2003 fueron suspendidos sin mayor explicación. “Hay gente que pertenece a la cultura atacando a gente de la cultura”, señalan los afectados.

Por Silvina Friera

“Los caprichos del ñoqui y los talleres suspendidos” se podría titular la tragicomedia de la Biblioteca Nacional (BN). “La hora de la revancha: desmantelar y castigar” sería una fórmula literal, en tono dramático y sin afán de ironía, porque cuando los ánimos están demasiado caldeados la comicidad es como una piedra en el zapato. El “ñoqui” en cuestión –así calificado por los propios empleados del organismo– es el escritor Alberto Manguel, quien asumiría como director recién en julio, una eternidad para las urgencias cotidianas de los trabajadores, que ahora temen que los despidos masivos hayan sido postergados para mayo con el objetivo de evitar manifestaciones contra el escritor durante la inauguración de la 42 inauguración de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el próximo jueves 21 de abril. El lunes pasado se publicó en el Boletín Oficial la designación de Elsa Barber como directora de la BN hasta que asuma el autor de Una historia de la lectura. Para debutar, “suspendió” todos los talleres gratuitos, que se dictaban de abril a diciembre, un menú que incluía talleres de poesía, novela, cuento latinoamericano, de dramaturgia, de lunfardo y tango, de performance y de cine documental, entre tantos otros. Los talleristas, que se reunirán en esta semana para coordinar acciones futuras, están en estado de alerta y movilización.

Barber no respondió el llamado telefónico de Página/12 el lunes pasado. Ni envió su respuesta por correo electrónico en estos días. La actual directora prefirió hablar con el diario La Nación: “No se van a terminar los cursos y talleres gratuitos sino que se va a revisar la programación”, dijo. Nadie en su sano juicio podría objetar que las autoridades entrantes en cualquier área del Estado pueden y deben examinar el funcionamiento de cada ámbito. El problema es la forma, curioso talón de Aquiles del macrismo: primero cierro, “suspendo” y despido, luego reviso. ¿Cuatro meses para revisar la programación? ¿Son muchos talleres o poca voluntad? ¿No se puede revisar a la par que se pone en marcha los talleres, en vez de “suspenderlos”? Mario Sampaolesi, tallerista de poesía “suspendido”, le pide auxilio al gran poeta Dylan Thomas (1914-1953): “rabia rabia rabia contra la agonía de la luz,/ no entrés mansamente a esa noche oscura”. Sampaolesi resume la gravedad de la situación. “Los talleres creativos de la Biblioteca Nacional conforman un derecho adquirido. Avala este criterio su funcionamiento desde mediados del año 2003. Incluso han continuado a pesar de anteriores cambios de autoridades. Intuimos que ‘suspensión’ significa ‘finalizado’. Si así fuera, sería una medida autoritaria. La actual directora, la señora Elsa Barber, no tuvo ninguna reunión con los coordinadores para recibir nuestra opinión o asesorarse sobre el desarrollo del espacio creativo de los talleres. Los principales interesados y afectados por la medida fuimos informados telefónicamente. Y sin derecho a expresarnos sobre el tema. Sin duda, esta decisión nos perjudica desde todo punto de vista. La conclusión final parece ser: gente que pertenece a la cultura ataca a gente de la cultura.”

El estupor inicial entre los asistentes de los talleres se está transformando en iniciativas concretas para defender sus derechos vulnerados. Algunos ya están buscando alternativas, como el poeta Carlos Marchese, que el martes pasado se reunió con varios de sus compañeros del taller de poesía de Sampaolesi para redactar el petitorio y juntar adhesiones. “Hay que defender los talleres porque es una cosa ganada, libre y gratuita. Hagamos lo que se pueda para no perderlos”, advierte Marchese. La poeta, narradora y ensayista Hilda Guerra, tallerista “suspendida” de cuento latinoamericano, empezó hace unos siete años con un taller de tango en la BN. “Yo fui asesora en la biblioteca en la época de Héctor Yánover, hasta que pasé en comisión al teatro Cervantes. Así que conozco muy bien lo que es la Biblioteca. Nunca hubo tanta vitalidad como en la gestión de Horacio González. La idea de los talleres fue de Horacio Salas y Horacio González nunca sacó a nadie. Al contrario: incorporó más talleristas. Manguel vino tres días, se quejó de que había mucha gente trabajando, y se fue. Este señor es un ñoqui que viene recién en julio”, plantea Guerra a Página/12.

¿Esperaba Guerra que desmontaran los talleres bajo el eufemismo de la “suspensión”? “Del neoliberalismo espero cualquier cosa. De todos modos, es un gran dolor”, admite la escritora. “Ya me llamaron varios alumnos y estamos viendo si vamos a dar los talleres al aire libre, también en la Biblioteca, aunque pueda parecer una provocación”. Guerra cuenta que en su taller de cuento latinoamericano el año pasado comenzaron unos 30 alumnos y terminaron 20. “Todos los años se publicaban los trabajos de los alumnos de todos los talleres en la revista Coartadas, una revista-libro de los talleres de la Biblioteca Nacional”, agrega la poeta y narradora, Premio Casa de las Américas. “Este manoseo tan feo ya lo he pasado con el gobierno de la Ciudad cuando estaba Mauricio Macri. Yo iba a dos centros culturales, uno en Colegiales y otro en Floresta. La gente hacía cola para inscribirse y cuando llegaba el momento suspendían los talleres. O sea desgastaban a los que se inscribían y a nosotros, los talleristas, nos hacían lo mismo porque no firmábamos el contrato”.

“¿Acaso quieren transformarnos en un amasado de papa, harina, huevo y sal, o sea en ñoquis?”, se pregunta Ricardo Alonso Garcés “Murmullo”, tallerista de tango y lunfardo. “No se renuevan los contratos y quedan los mismos suspendidos ¿hasta que la salsa esté lista? ¿O acaso nunca habrá salsa? Fueron siete años ininterrumpidos de talleres que se ofrecían desde abril a diciembre, gratuitos y con sostenida concurrencia. Hasta que sepamos si la salsa se prepara o no, nos vemos obligados a la búsqueda de un espacio adecuado para continuar ‘cocinando cultura popular’. Se aceptan recetas alternativas para paliar la ‘hambruna’ resultante.”

 

(C) PAGINA 12. 13 DE MARZO DE 2016